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El periodismo hoy: entre el tiempo, el espacio y la colaboración

Por  / Publicado el 9 septiembre 2013

En la definición del periodismo las preguntas por el espacio (Jay Rosen) y el tiempo (C.W. Anderson) ocupan un sitial ineludible. Pero en tiempos de redes sociales debemos agregar un tercer factor que altera las reglas del método de producción de la noticia: la colaboración.

Volumen de tuits hacia la Plaza Tahrir, en Egipto, el 25 de enero de 2011. Imagen: aymanshamma

EL PROBLEMA DE LA AUSENCIA

En la edición de septiembre/octubre 2013 del Columbia Journalism Review, Jay Rosen, académico de la NYU, aborda la pregunta “¿qué es el periodismo?” a partir de un problema que él denomina como awayness (o la condición de estar en otro lugar, si se permite la rústica traducción).

Para explicar este punto Rosen describe el siguiente escenario. En una aldea de 200 habitantes la reducida distancia permite que las noticias (nacimientos, muertes, casamientos, etc.) circulen con facilidad; pero si esa población crece a diez mil habitantes, el circuito de información se quiebra. Este aumento del awayness (o la ausencia) implica que en las sociedades actuales los hechos significativos ocurren fuera de nuestro círculo más próximo.

“El periodismo entra en escena cuando los asentamientos humanos, la economía diaria y la organización política crecen más allá de la escala de auto-información de la población”, explica. El problema del oficio, pues, es el desafío de abarcar el espacio.

Frente a la pregunta inicial (“qué es el periodismo”) el profesor de NYU formula su respuesta en términos geográficos: “Un reporte de lo que sucede más allá del horizonte de nuestra experiencia”. Y, de paso, posiciona el origen de la autoridad del periodista en el siguiente axioma: “I’m there, you’re not, let me tell you about it” (“Yo estoy allá, tú no, deja que te cuente al respecto”).

EL FACTOR TIEMPO

Con el ánimo de complementar esta idea, C.W. Anderson —uno de los autores de Post-Industrial Journalism (2012)— publica una respuesta en el Nieman Lab, donde incorpora el problema del tiempo en la ecuación del periodismo, una arista abordada por distintos teóricos de la comunicación (Eric Havelock, Walter Ong, Elizabeth Eisenstein, Marshall McLuhan, James Carey).

Anderson cree que la aceleración del cambio tecnológico ha desplegado múltiples regímenes de tiempo simultáneamente. Y en ese escenario el periodismo podría sufrir un “desacople del tiempo” donde cada forma de periodismo (un video en YouTube, un Storify con tuits, un posteo en un blog) encare el problema del contexto de modos diferentes.

Este panorama tiene bemoles. Los optimistas, escribe Anderson, ven esta multiplicación de regímenes de tiempo como beneficio puro; otros, como Nicholas Carr, argumentan que hemos perdido la habilidad de concentrarnos en nada más que el presente inmediato.

Y finaliza: “Al responder la pregunta ‘¿para qué sirve el periodismo?’ Rosen ofrece una respuesta profunda: el periodismo existe para resolver el problema del ‘awayness’. Pero nosotros podemos formular una segunda pregunta: ¿cómo resuelve el periodismo el problema de ‘ocurrió muy lejos y, además, en otro momento’? ¿Cuándo las noticias dejan de ser lo nuevo sino lo que importa? ¿Y cómo las diferencias en el modo que el periodismo responde esa pregunta afecta el modo en que nosotros, miembros de diferentes comunidades y públicos, lidiamos con lo que implica ser ciudadanos en una democracia?”.

GIRO PARCIAL DE AUTORIDAD

El corolario de este posteo no busca la ruptura con lo anterior. Sólo deseo incorporar una variable que interviene y complementa los fenómenos descritos.

Tanto el problema de la ausencia como el factor del tiempo gatillan respuestas operativas del periodismo (corresponsales, enviados especiales, blogs en vivo, streaming, etc.). Pero incluso cuando el periodismo puede abarcar lo que la auto-comunicación del Antiguo Régimen hacía (Rosen), y aun cuando logre adaptarse a los distintos regímenes temporales (Anderson), las deficiencias y obstáculos no pueden soslayarse. ¿Por qué? Por un problema de escala: la radical asimetría entre la cantidad de periodistas y población.

Parece un aciago destino malthusiano que, sin embargo, puede ser atenuado.

La colaboración siempre ha acompañado al periodismo. Es un oficio que no puede operar sin un otro: las fuentes, entrevistados, informadores, viudos del poder, testigos, víctimas, afectados, villanos, oportunistas de ocasión, etc. Hoy, sin embargo, la magnitud del aporte de terceros —interesados o desinteresados— es mayor gracias a las redes sociales. El crecimiento de la aldea descrita por Rosen también supone una explosión en el número de colaboradores del periodismo. Es lo que Clay Shirky llama el “excedente cognitivo”.

Este nuevo fenómeno, vale aclararlo, supone un giro parcial en la autoridad dentro del sistema informativo. Frente al otrora sitial monopólico de periodistas y medios ante los eventos del mundo —o más allá del horizonte de nuestra experiencia, como dice Rosen—, cada vez se integran con más fuerza los aportes noticiosos de ciudadanos que, imbuidos de artilugios y herramientas digitales, ejecutan diariamente “actos de periodismo”.

Entonces, frente al axioma formulado por Jay Rosen, y complementado por C.W. Anderson, podemos incorporar la siguiente declaración que también funciona como una invitación para asumir este paradigma de trabajo, uno que adopta las nuevas reglas del método de producción y que eventualmente refuerza la condición de autoridad:

“Yo no (siempre) estoy allá, tú sí, ayúdame a contarle al resto”.


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