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Concentración de medios en Chile: ¿es posible una legislación antimonopolios en nuestro país?

Por ~ Publicado el 19 agosto 2013

Tras la publicación de un artículo en El Mostrador sobre la concentración de medios por parte de Álvaro Saieh se ha reinstalado la pregunta respecto a la calidad de la legislación chilena sobre la propiedad medial. Le pedimos a Sergio Godoy, académico de la UC y experto en gestión y desarrollo de medios, que nos entregara su visión frente a este fenómeno. Él advierte que uno de los riesgos es la presencia de monopolios internacionales que apuestan solamente por la entretención y los contenidos envasados.

“En principio sí estoy de acuerdo con que hayan restricciones al excesivo poder de mercado de empresas de cualquier tipo. Uno de sus efectos indeseables puede ser una restricción al pluralismo (ya sea ideológico, geográfico, de géneros de contenidos, etc.) pero también un freno a la innovación y a una mejor calidad —por ejemplo, la llegada de la tecnología digital es tan disruptiva para los medios tradicionales que ellos suelen oponerse a ella en todo el mundo. Y aunque no es precisamente muy concentrada, la radio como industria se las ha arreglado para coludirse y evitar que siquiera se discuta la digitalización de ese medio porque aumentaría la cantidad de canales disponibles (hoy son 35 canales FM y unos 25 en AM en cada zona de servicio).

Asumiendo que es posible distinguir con claridad entre diferentes mercados de medios (lo cual es cada vez más dudoso, debido a la convergencia tecnológica y a la corporativa), también es diferente lo que ocurre a nivel de mercados de audiencias y los de ingreso. En los mercados de audiencias de medios electrónicos (radio, TV, medios online) el consumo o exposición a un contenido determinado por un usuario no reduce la disponibilidad de ese contenido para los demás usuarios. Eso implica que no es tan grave que exista concentración medial porque basta que exista unos pocos medios “alternativos” a los dominantes para que el público pueda acceder a ellos. Por ejemplo, que Canal13, TVN, Mega o CHV dominen el rating no disminuye la capacidad de cualquier telespectador de acceder a UCV.

Otra cosa son los ingresos. Esos sí que son retenidos por las empresas dominantes y no pueden ser compartidos por los demás actores del sistema. Eso ocurre tanto a nivel de ingreso publicitario como ingresos por suscripciones y/o por fondos estatales. Eso quiere decir que una primera consideración al respecto tiene que ver con distinguir entre la concentración a nivel de audiencias y otra a nivel de ingresos.

“Una alternativa interesante es ponerse en las botas del usuario y cómo su bienestar es afectado por la concentración. Y recién allí proceder con sanciones si corresponde”.

El problema es cómo llevar a la práctica estas restricciones de manera viable. Hasta ahora los mercados de medios se han analizado separadamente: radio separada de TV abierta, y ellas separadas respecto a diarios, TV cable, internet, revistas, agencias de publicidad y demás componentes de la cadena del valor medial.  A ello se superponen dimensiones de tipo geográfico (alcance nacional, internacional, regional, local) y de naturaleza corporativa (medios privados, públicos, con/sin fines de lucro, etc.).

Además es difícil demostrar los perjuicios a la diversidad ideológica que, en caso de demostrarse, no tienen necesariamente que ver con otros aspectos relevantes como la satisfacción del consumidor. Por ejemplo, el mercado de la TV cable es muy diverso en contenidos ideológicos (de hecho, permiten no sólo la existencia de canales locales en regiones sino además la existencia de canales de noticias como CNN Chile, TVN 24 Horas, los canales del Senado y la Cámara, ARTV y otros) pero el servicio al cliente suele ser mediocre, por lo tanto es más urgente atacar allí los problemas de derechos del consumidor que los de diversidad ideológica.

Una alternativa interesante es ponerse en las botas del usuario y cómo su bienestar es afectado por la concentración. Y recién allí proceder con sanciones si corresponde. Porque hay mercados, como el de las telecomunicaciones y de la TV cable, que son estructuralmente oligopólicos: no es viable económicamente que hayan más de unos pocos operadores. En todo el mundo, ese tipo de mercados tendientes al monopolio son regulados para evitar el maltrato al cliente y al ciudadano.

Sinceramente creo que, superados ya los traumas de la dictadura militar, hay más riesgos de un monopolio multicanal y multimedia de propiedad internacional, orientado a la entretención y con contenidos envasados del exterior. Debiera existir una legislación antimonopolios muy severa pero también realista y “liviana”, que entre en acción con sanciones fuertes cuando se transgredan ciertos principios de diversidad, calidad y pluralismo —que debieran estar bien definidos de antemano”.

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