Actualidad

Jon Lee Anderson: “Como periodista uno es sirviente del gran público”

Por ~ Publicado el 28 abril 2013

En la inauguración del año académico de la Escuela de Periodismo de la UAH, Anderson repasó sus inicios en el periodismo, comentó su desencanto con la revista Time y abogó por un desarrollo profesional con ética. Acá presentamos la transcripción de su discurso.

Foto: Patricio Contreras

Felicidades a todos ustedes, los que están ya enfrascados en la carrera de estudiar periodismo y a los que entran este año, los que están por terminar…

Cuando me preguntan a mí “¿cómo entraste al periodismo Jon?”, yo siempre digo, de forma un poco criolla, que yo caí en el periodismo. Era algo que justamente fue en el Perú, el país vecino de ustedes, hace un poco más de 30 años. Tenía veintipico de años, veintipocos años, yo había pasado varios años prácticamente de aventura, había dejado la universidad para ser líder de expediciones en la selva y los Andes, expediciones científicas, que para mí era vivir la aventura. Antes del ecoturismo, eran experiencias propias, sin que nadie hubiera estado ahí antes. Yo siempre tenía un afán desde chico de explorar el mundo como en los viejos tiempos. Entonces cada vez que tenía una oportunidad así, lo hacía.

Y mi madre era escritora de cuentos juveniles, es decir ella hacía ficción. Eventualmente era profesora de literatura para jóvenes. Creó una escuela en Estados Unidos para otros escritores y escritoras que querían hacer libros para jóvenes. Entonces el culto del libro, de la palabra, del lenguaje, de contar una historia bien contada, estaba muy dado en mi familia, que era una familia nómade, mi padre era diplomático, vivíamos por todo el mundo. Yo escribía desde muy chico y tuve mi primer periódico a los nueve años. Un periódico de barrio que fue inculcado un poco por mi madre, que me incentivaba a que ejerciera un poco la profesión, sabiendo que quizás me nacía.

Ocurre que cuando los padres le definen demasiado a uno a veces, uno lo elude, entonces yo nunca pensé en el periodismo como tal cuando ya era adolescente y un joven adulto, sino estaba empeñado en mi afán de ser explorador, sin una especie de fin o un camino muy certero en hacerlo. Como les decía, abandoné la universidad en el segundo año porque me ofrecieron trabajo en el Perú para andar en la selva, y así anduve durante un par de años y en otras partes de Sudamérica. Pero siempre llevé un diario personal y escribía cartas muy largas a mi familia, en donde —ahora me di cuenta— yo sí estaba ensayando mi profesión futura.

Soy alguien que a la lupa ahora me doy cuenta de que todo está unido, no he podido separar un impulso del otro. Ese afán de ser explorador también creó una ansiedad en mí por vivir la historia de mi tiempo. Entonces era esta junta de cosas que me trajo al periodismo. Entonces cuando digo que caí en el periodismo, es porque un poco fue así. Pero claro, había un subtexto; este bichito interior que tenía de ser escritor, de comunicar, de vivir la historia de mi tiempo y de vivir la vida como una aventura, era la junta o la santa trinidad —o en mi caso la no muy santa trinidad— que me llevó al periodismo.

Algunos tenemos un poquito de poeta dentro o poeta frustrado, quizás, pero el hecho de sólo ser despachador de noticias a mí no me satisfacía.

Y me encontré en Lima, en el año 79, sin un rumbo certero, había terminado con liderar estas expediciones, pero había estado mucho en el Amazonas, había tenido experiencias muy interesantes, tenía historias que contar y de casualidad —estaba tratando de inventar cómo quedarme ahí para seguir este tipo de vida— vi un anuncio en un semanal en inglés en Lima, Perú, que se llama The Lima Times, que tiene mucho tiempo, desde 1860 está ahí, es el más antiguo de América Latina de idioma inglés de todos los periódicos. Y decía: “necesitamos reporteros”.

Entonces dije “yo puedo ser reportero”. Entonces me presenté en las oficinas, la secretaria me dio cita con el editor, me acuerdo que era un tipo inglés como de mi edad ahora, y entré y él muy afable me pidió que le comentara quién era, qué había hecho, y bueno, un poco con la ignorancia y la arrogancia —las dos cosas de la juventud— le comenté lo que estaba haciendo y mis andanzas en el Amazonas, y me dijo “bien, arranca, por qué no escribes las crónicas de tus aventuras”. Entonces me pusieron en la sala de conferencias de este pequeño periódico… durante como tres semanas no hice otra cosa que escribir mis crónicas y las fueron publicando. No recuerdo bien si lo editaron mucho o no, pero salieron hasta con mis fotos, mi nombre, y eso es lo que me enganchó, me sentí por primera vez realizado, que mis experiencias sí valían la pena compartirlas con otros, porque un periódico había decidido publicarlas.

Recién en los últimos dos o tres años me he dado cuenta que la psicología que utilizaron conmigo fue muy sensata, porque en lugar de violentarme o asustarme o retarme mucho con lo que no sabía del periodismo, me dejaron a gusto escribiendo mis crónicas que al final es más o menos lo que hago. Y luego, una vez que estaba como compenetrado, me sentía en familia, me comenzaron a apretar un poco la tuerca, y enseñar qué era el periodismo de verdad, dándome pequeñas tareas en Lima, para cubrir esto o lo otro y así hacer notas menores intentando darme oficio, cosa que hicieron al final. Entonces desde estas alturas les agradezco muchísimo esa oportunidad porque fui privilegiado, es decir, me dejaron sentirme escritor, además de enseñarme ser periodista, y eso para mí ha sido la clave.

Del Perú me marché a Centroamérica con un afán ya más periodístico y de un afán de completar mi educación personal. Por mis andanzas sentí a los veintipico de años que había experimentado mucho pero que nunca había conocido la guerra y consideré que eso era parte de mi aprendizaje personal necesario. Creo que muchos jóvenes hombres en particular tienen o han compartido históricamente ese afán de curtirse como hombres, de enfrentar el miedo, esas cosas… el peligro y saber más o menos en dónde paran delante de esas cuestiones históricas. Eso seguramente fue parte, pero también en esa época estaban las guerras de Nicaragua, El Salvador y Guatemala, que eran muy cruentas y muy candentes en la época. Hasta cierto punto era tan candente como el Medio Oriente hoy. El presidente de Estados Unidos de la época había dicho que, por ejemplo, El Salvador era la prioridad número uno de la seguridad nacional de Estados Unidos; imagínense, El Salvador. Era el final de la Guerra Fría y estaban muy enfrentados en ese momento.

Entonces me marché a Centroamérica para probar mi suerte como periodista. Y ahí es donde, con el comienzo en Lima, y en Centroamérica, me forjé, como periodista como tal, y me curtí en sí, en el conflicto. Y aprendí como era ser periodista como tal. Y ahí ocurrió algo que es el meollo de lo que quería hablar hoy, es un poco saber quién eres. Todos ustedes están estudiando el periodismo y tienen inclinaciones hacia este tema u otro tema, me imagino, nociones y ambiciones de quién eres. Pero difícilmente lo sabrás de verdad hasta que salen y lo hacen. Y sabrás realmente para qué naciste hasta que salgas y ejerzas la profesión. Porque yo aprendí sobre el camino y creo que así es para la mayoría. Puedes aprender muchísimo y ustedes tienen el privilegio de alimentarse con un canon periodístico, literario, filosófico en la universidad antes de ir a la calle. Un poco yo lo aprendí a golpes en la calle, como les digo, me marché de la universidad, empujado por varias motivaciones.

Cuando llegué a Centroamérica, viví en El Salvador y también en Honduras, iba y venía de Nicaragua, salía al campo con ejércitos guerrilleros, entrevistaba gente de los escuadrones de la muerte, dictadores, cubría cosas muy cruentas, vi mis primeros muertos, vi la muerte cercana, vi mucha injusticia, y me encontré que estaba de corresponsal a lo pobre, como carne de cañón, para la revista Time, que en la época era muy poderosa. Hoy en día con el internet y lo demás, y un poco la crisis en el periodismo, ha desvanecido su poder, pero había una época en que el Time era un referente a nivel mundial en el idioma inglés, y todavía lo era en esa época.

Mi escuela fue mi madre, la escritora, la que me alimentó de libros, la que me inculcó con la noción de que yo era escritor y periodista desde muy joven, y algo en la universidad. Pero la calle es donde me descubrí.

Entonces por un lado —por un año o dos— me sentí muy realizado, es decir, vaya, me reconoce un tremendo órgano de los medios, importantísimo y me tienen en el meollo de las cosas. Yo tenía 26 años para entonces y teóricamente debía sentirme feliz, ¿no? Estaba como un testigo en la tierra de los acontecimientos de la historia de mi tiempo y podía teóricamente ayudar a moldear las opiniones y las percepciones del gran público a través de mi periodismo.

Pero resultaba que yo me sentía totalmente infeliz. Después de un año más o menos me di cuenta que estaba realmente extenuado, deprimido, no me sentía a gusto. La razón, poco a poco, fui dándome cuenta, era porque había una parte de mi que era natural que no estaba siendo, digamos, satisfecho, que era el escritor, el libre pensador y también ese ser creativo dentro de mí. O sea yo necesito expresarme, yo no digo siempre literariamente, pero uno tiene ese afán, uno no es periodista sólo por oficio, creo, aunque hay gente que sí, sino por un amor al lenguaje, a la palabra misma. Algunos tenemos un poquito de poeta dentro o poeta frustrado, quizás, pero el hecho de sólo ser despachador de noticias a mí no me satisfacía.

Y por qué me ocurrió esto con Time, porque me suprimían en mucho de lo que reporteaba, no me lo publicaban, y era por razones políticas. Era como trabajar en un gran medio que tenía, imponía, lo que iba a ser la cobertura sobre esa zona de acuerdo al gusto del editor en jefe. Entonces, las primeras veces que a mí me engavetaron historias que consideré que eran importantes no las entendía, me sentí muy frutado y no lo comprendía hasta que finalmente un jefe chévere, un viejo irlandés, que vino y era jefe de la zona, me lo explicó. Me dijo: “Jon, es que te están censurando. Tú eres incómodo para ellos. Tú no entiendes, pero el actual jefe de la revista Time es muy, muy, muy conservador, es amigo íntimo de Kissinger, almuerzan todos los lunes y con este tema de América Latina tú eres incómodo”.

¿Por qué yo era incómodo? No es porque yo había escogido bandos, no era porque yo era pro guerrillero necesariamente. No, anduve en todo, pero la realidad era de que el bando nuestro cometía muchas atrocidades, pero a la revista Time no les interesaba necesariamente cubrirlos así, más bien, querían moldear la opinión de otra forma, querían un poco darle buqué, de que las cosas iban a ser mejores.

Era la etapa mía. Y bueno, yo encontré que me saqué el clavo previamente, chorreando la información que yo tenía —y que no salía publicado en mi medio— a órganos de Derechos Humanos para que saliera y en periódicos sin importancia, donde me pudiera dar el lujo de escribir lo que me daba la gana. Recuerdo que uno de mis canales era un periódico, no se cuánta gente lo leía, del San Diego Union, era como cubrir Bosnia o Irak, para el periódico de Temuco o algo así, supongo. Pero ojo, me suplió una gran necesidad y yo me sentía más a gusto conmigo mismo a partir de estas experiencias, no importaba que no fuera Time.

Me fui conociendo, y a eso voy, y para más o menos completar, para no ahondar aquí toda mi vida, más o menos temprano, es decir, yo me descubrí, no estaba muy consciente de quién fui yo hasta darme cuenta de mis disgustos, de mis frustraciones, entonces es muy importante cuando puedes entender quién eres para que no te quedes frustrado, no te quedes engavetado, para que no aceptes ser lo que uno no es.

Ojo en el camino, pero con ética, recuerden por qué escogieron la profesión y la carrera, y yo creo que si es por razones más allá del dinero, no hay pérdida.

En la medida que puedes ayuda salir de la universidad, a lo mejor tienes alta opinión de ti mismo y de tus capacidades, eso está bien, pero es mejor siempre pensar que no sabes mucho a que lo sabes todo, porque la calle te enseña muchísimo. Y bueno, es lo que les puedo decir porque yo aprendí así y me conocí más bien en la calle. Mi escuela fue mi madre, la escritora, la que me alimentó de libros, la que me inculcó con la noción de que yo era escritor y periodista desde muy joven, y algo en la universidad. Pero la calle es donde me descubrí.

Entonces, mente abierta, y bueno, ética, porque al final, claro, volviendo nada mas a mi impasse con la revista Time —y no es para vilipendiar la revista Time, no, tiene sus virtudes, pero no funcionó para mí—, descubrí que yo no era un hombre de corporación, yo no podía ser simplemente un empleado de una gran corporación que imponía cierta pauta. Para algunos colegas ha sido bien y han funcionado muy bien dentro de estos sistemas, sería por mi formación y por el hecho de que para mí la palabra es sagrada, yo no puedo prestarme a reportajes y a un periodismo que no es propio, que no es mío.

Siempre hay un compromiso, hay un regateo entre lo que uno es y el medio para el cual trabaja, siempre hay. Y cuando uno es joven es hasta más abusivo, o sea, le explotan a uno un poco, es parte de la etapa necesaria. Primero le explotan económicamente, bueno, todos pasamos por eso, las famosas pasantías de verano en donde no te pagan nada y te subvencionan tus padres, qué sé yo, bueno eso es una cosa. Pero lo otro es que te echan guante a tu moral, a tu ética. Eso, otra vez, hay gente que lo acepta a cambio de oro y comodidades, pero yo les diría que estarán muchos más contentos a la larga, a estas alturas, a las alturas mías, si lo has pasado un poco más mal, pero con tu propia ética, porque si eres periodista, eres periodista para algo.

Hay una diferencia entre cubrir baloncesto y ballet que cubrir guerras y política, pero todo sale de una misma sociedad, todo es componente de una cultura, una sociedad, una vida en común con la cual como periodista uno es comunicador ante los demás, es sirviente del gran público, no solamente del medio, y yo no quiero decir que la profesión como tal, como Gabo [García Márquez] ha dicho —él es muy romántico—, es sagrada. He conocido pocos periodistas sagrados, pero sí he conocido un montón de periodistas que tienen alto sentido de la ética y de la moral y los que cubren el mundo más cruento tienen una responsabilidad mayor ante los demás, de tener una ética bien desarrollada, porque estás jugando con la vida y la muerte. Lo que tú reporteas es muy significativo, y al final hoy en día más que nunca eres lo único que hay entre el público, tus padres, tus tíos y tus tatarabuelos, los que viven, qué sé yo, en un piso tal, en el barrio tal o en el pueblo tal, y lo que acontece en el mundo. Si no es por ti, se encargan de contarles a tus padres, a tu hermana, a tus abuelos, los departamentos de relaciones públicas de las corporaciones, de los ministerios y de las casas presidenciales y de las guarniciones.

Eres el último interlocutor entre lo que es la mentira y la verdad, eres el único mediador de verdad posible, puro; los demás están interesados. Y ojo, vuelvo a decir, vas trabajar en medios que también están interesados, que a veces son propiedad de un solo hombre o mujer, o un grupo mediático que tiene un tinte político que a lo mejor no es el tuyo, ojo ahí, para que tengas independencia de espíritu y no lo pierdas en ese camino. Va a ser accidentado, vas a cometer errores, te van a utilizar, y te van a explotar, pero a la larga, puedes salir como tu propia persona y con tu integridad intacta.

Hoy en día más que nunca yo creo, y ahí termino, aunque por un lado nos está socavando la profesión, ofrece muchas posibilidades, el internet, todo esto de los medios sociales. Hay un panorama hasta cierto punto mucho más democrático de lo que había cuando yo era de la edad de ustedes. Si no me publicaban en el periódico tal, no me publicaban. Hoy en día ustedes con un blog y un botón pueden decir los que les da la gana y ser oídos no sólo en Chile, sino que también al otro lado del mundo. Eso es un gran poder, pero también impone una gran responsabilidad.

La misma soltura con que pueden intervenir en el gran argumento internacional, el gran debate, la gran conversación de nuestros tiempos, puede diluirse. Ustedes salen en un momento donde hay una Torre de Babel mundial, entonces a la misma vez que les ofrecen más caminos y más posibilidades de ser oídos, hay también quizás más baches y pistas falsas. Entonces ojo en el camino, pero con ética, recuerden por qué escogieron la profesión y la carrera, y yo creo que si es por razones más allá del dinero, no hay pérdida.

Pero recuérdalo.

#Etiquetas:

Comentarios.