Entrevistas

Alejandro Guillier: “Los periodistas somos actores políticos”

Por ~ Publicado el 18 marzo 2013

Es uno de los rostros mejor evaluados por la audiencia y decidió abandonar el periodismo para buscar un cupo senatorial. No se ha desencantado de su profesión, porque siempre ha sentido una vocación política en el ejercicio del periodismo. Guillier dice que extrañará su tribuna en radio y televisión, critica la ignorancia en el gremio y advierte que hoy el público demanda más a los comunicadores: “La gente ya no te pide que seas testigo, te pide que estés con ella”.

Foto: Patricio Contreras

El periodista Alejandro Guillier es enfático para rayar la cancha: su vocación, afirma, es netamente política. Y su mensaje a los medios y a los periodistas es más nítido aún: todos deben transparentar sus puntos de vista y los intereses que los animan. Es el credo de un profesional percibido como cercano, confiable y que ha mantenido los más altos niveles de evaluación por parte de la audiencia en los últimos años.

Hoy sus palabras, sin embargo, adquieren un tono distinto. El Partido Radical cedió su cupo en Antofagasta para que Guillier compita por un cargo senatorial; el periodista ya renunció a los medios en que se desempeñaba —el canal La Red y radio ADN— y se apresta a iniciar una nueva etapa en su vida. Fuera de los medios, pero no por eso lejos de ellos, asegura.

Como anécdota, una de sus principales preocupaciones en este momento es comprar un celular. Sí, no usa celular, nunca lo ha hecho. Sus hijos lo están asesorando. Él explica que su secretaria filtraba y jerarquizaba las llamadas; si era muy importante, lo llamaban a su casa. Ese sistema pronto se acabará.

—¿Este semestre seguirá haciendo clases?
El primer semestre sí, porque tengo que trabajar. Yo soy el único político en Chile que tiene que trabajar para vivir.

—Candidato…
Candidato por ahora, pero ya entré a la política. Tengo que trabajar para vivir, porque no tengo dieta. Renuncié al canal, renuncié a la radio. Sonó maravilloso pero me quedé cesante. Lo único que tengo son las clases. Obviamente con eso no vivo, así que tengo que pitutear, hacer capacitaciones, conferencias en empresas, charlas motivacionales. Esto se precipitó muy rápido. Un sábado estaba en mi casa, almorzando, y me llaman para avisarme que los radicales me proclamaron candidato y me ceden su cupo. Churra. El lunes tuve que ir a renunciar. No puedo estar entrevistando si soy proclamado por un partido.

—Pero tenía sospechas de que ocurriría.
Sí, sabía, pero pensaba que sería a fines de mayo. No iba a estar todos estos meses sin trabajar. Tengo el drama de que tengo que hacer política y además trabajar.

—¿Va a oscilar entre Santiago y Antofagasta?
El primer semestre yendo y viniendo. Probablemente será el ritmo de ir semana por medio y terminando el semestre en la universidad ya me instalo en Antofagasta.

“Yo entré al periodismo no por vocación periodística; entré por vocación política”.

Guillier habla con soltura. No teme explicitar sus conexiones y filiaciones ideológicas. Se refiere a los líderes estudiantiles como “Jackson, Boric, la Camila, el Camilo”. Asegura que tiene buenas alianzas con ellos. “Sé que me van a apoyar y yo los voy a apoyar acá. Y no porque sean de determinado partido, sino que porque son jóvenes, porque tienen otra mirada”.

Dice que su pensamiento sintoniza con el de Fernando Paulsen y Ascanio Cavallo, y que ambos serían excelentes compañeros en un hipotético Congreso con más periodistas; también pone el nombre de Faride Zerán sobre la mesa. “Tienen el potencial intelectual, la voluntad y la independencia como para jugar roles importantes”.

Pero Alejandro Guillier sabe que a nadie se lo puede designar en ese campo. Que es una decisión personal y que la suya responde a motivaciones pasadas, de cuando entró a la universidad en la década del 70. Acá explica sus razones y, de paso, evalúa el estado del periodismo y los medios de comunicación nacionales.

OBJETIVIDAD, RIGOR Y EL PUNTO DE OBSERVACIÓN

—El académico estadounidense C. W. Anderson dice que “todo el periodismo es inherentemente político” y que nunca se desilusionó por la presumida objetividad. ¿Comparte la afirmación?
Cien por ciento. Yo entré al periodismo no por vocación periodística; entré por vocación política. Entré a estudiar sociología porque me apasionó la carrera. Pero cuando pasé a cuarto año tenía que empezar a poner los pies en tierra. Ya había ocurrido el Golpe. Ser sociólogo… no había chance de trabajar en nada. Dije: “¿dónde va a haber un espacio donde uno pueda prestar un servicio y darle sentido a la vida?”. Porque reconstruir confianzas, generar agenda para ir preparando la transición a la democracia  y salir de una dictadura va a ser un campo muy importante de confrontación. Por eso entré al periodismo; la sociología me ha servido de soporte intelectual, pero el ejercicio profesional siempre ha sido el periodismo.

—Hoy la objetividad parece estar relegada al baúl de los recuerdos.
Es que no existe. Primero, las personas no somos objetos, somos sujetos, por lo tanto nuestra apreciación del mundo siempre es subjetiva y admite múltiples miradas. Incluso en el mundo físico no hay una sola visión, depende de la perspectiva. Lo que Einstein diría: depende del punto de vista del observador si esto [sostiene un teléfono] está lejos o cerca. Lo que la ciencia hace es medir. Si en el mundo físico no existe la objetividad, eso se puede aplicar al mundo de las ciencias sociales. Hay múltiples perspectivas y puntos de vista dependiendo de dónde se observa.

“Cuando informo quiero producir algo en el público, pretendo remecerlo”.

—Pero es común escuchar a la gente decir “Alejandro Guillier es objetivo”.
Claro, lo que te quieren decir es “riguroso”, lo que yo afirmo tiene evidencia, es plausible.

—¿Y qué valor le asigna a la transparencia como periodista?
Es lo que te da la credibilidad. La gente puede estar de acuerdo contigo o no, pero respeta tu trabajo porque te considera serio. Como periodista tienes que ser capaz de ser muy riguroso en tus afirmaciones, explicar —y ahí está la transparencia— cuáles son los fundamentos de tus afirmaciones, cuáles son tus intenciones. Cuando informo quiero producir algo en el público, pretendo remecerlo sobre un tema que para mí es importante y que la gente debería valorar. Uno como periodista debe definir su punto de observación. Por ejemplo, hay una elección y yo estoy con Bachelet —la vez anterior, no esta— cuando fue candidata. En “Tolerancia Cero” discutíamos mucho y [Sergio] Melnick decía “yo voy con Piñera”. Creo que los dos fuimos honestos porque definimos; los demás ninguno dijo. Cuando argumentan tú no sabes, “bueno, pero para dónde va”.

—Usted declaró su posición.
Tú defines: yo soy bacheletista, pero la campaña de ella va mal. Ahí viene la parte seria. Está mal para los objetivos que ella pretende, que es ganar. No te puede oscurecer la mirada el que tú tienes una posición. Eso es ser serio.

—¿Existe un momento en que el Guillier periodista da paso al Guillier político? ¿O son siempre lo mismo?
Siempre han estado juntos. Te decía que tomé la vocación de periodista por la política. Tenía una definición: crear las condiciones para recuperar la democracia y una de ellas era mantener un cierto espíritu crítico en la gente, por eso trabajé siempre en medios de oposición a la dictadura militar. Vi en el periodismo el espacio y el rol que podía jugar en la transición a la democracia. Una vez recuperada la democracia ahí veíamos qué se hacía. A lo mejor volvía a la academia, a lo mejor me dedicaba a trabajar en otra cosa.

—¿Se considera muy versátil?
A mí lo que me salva es que puedo hacer clases, puedo hacer capacitación, puedo hacer charlas motivacionales, puedo trabajar en planificación urbana, incluso me puedo dedicar a la política con ciertos conocimientos, sin haber tenido la experiencia vital.

Guillier sostiene la portada de Las Últimas Noticias de mayo de 2006, tras una conferencia de prensa junto a la presidenta Bachelet por agresiones de carabineros a periodistas. Foto: Patricio Contreras

CREDIBILIDAD: “TIENES QUE TOMAR POSICIONES”

—Al lanzar su candidatura argumentó: “Ya pasé años comentando lo que hacen los demás y llega un momento en que uno piensa ‘sigo comentando lo que hacen los otros o hago algo al respecto'”. ¿Se desencantó de las posibilidades del periodismo?
No, pero siento que es una necesidad propia. Hay ciertos hechos que a uno lo marcan. Yo sentía que desde el periodismo hacía política, en el buen sentido. No sé si viste en La Red “Chile se moviliza”. Yo me siento orgulloso de ese programa —puse la voz nomás—, pero participar de ese tipo de proyectos me realiza. Y eso es político, es un apoyo a los movimientos sociales, no es una mirada ob-je-ti-va. Tampoco buscamos el empate: habla el intendente, entonces habla el dirigente gremial y vamos empatando. No, no, no. Queremos mostrar los movimientos sociales desde sus protagonistas. Así entiendo el periodismo yo. Pasar a la política como actor político —los periodistas somos actores políticos—, pero ya como parlamentario, esa es la diferencia, porque hay cosas que te van marcando.

—¿Como cuáles?
Una vez tuve una conversación con un grupo de dirigentes estudiantiles en la radio ADN. Todos los miembros de la ADN, sin excepción, adhirieron al movimiento estudiantil. Todos apoyando, todos “inútiles subversivos”. El jefe de prensa en esta reunión privada con dirigentes estudiantiles les dice: “Y bueno, ¿qué opinan de nuestra radio? Porque nosotros los hemos apoyado”. Y Giorgio Jackson le dijo: “Los cabros opinan que ustedes están cumpliendo con su deber. Tienen obligación de cumplir su deber y decir la verdad”. La gente ya no te pide que seas testigo, te pide que estés con ella. Y tienes que tomar posiciones y eso es lo que te da credibilidad ante la gente, cuando defines. Pero al país ya no le basta con que tú le hagas análisis. La gente quiere compromiso.

“La gente ya no te pide que seas testigo, te pide que estés con ella. Y tienes que tomar posiciones y eso es lo que te da credibilidad ante la gente”.

—Y también hay demandas a los medios y al periodismo.
Por supuesto. Hay un Chile que tiene otros valores, que tiene otras aspiraciones, distintas a las de décadas pasadas. Hay un agotamiento, y también del periodismo. Nosotros tiramos el “Chile se moviliza”. Imagínate eso diez años atrás, no era viable. Nos habría acusado —el público— de haber sido tendencioso, de no haber mostrado la otra cara, de no haber confrontado. Hoy día es posible ese periodismo, porque el país está preparado y quiere ese periodismo. Diez años atrás, no. Y hace veinte años, me meten preso. Los concertacionistas me habrían acusado de atentar contra la transición. El periodismo responde a lo que va pasando en el país.

—En caso de ser electo, ¿cómo vislumbra su exposición pública, su relación con los periodistas?
Creo que, modestia aparte, un capital que tengo en general es credibilidad. ¿Por qué quiero credibilidad? ¿Para morirme como un hombre que fue creíble o para usar esa credibilidad en las causas que considero imprescindibles? Hay que atreverse, incluso, a desacreditarse, correr el riesgo, pero hay que hacerlo. Yo tengo que hacer una carrera política muy de agitador. ¿Cómo me veo yo? Usando los medios, poniendo temas y generando debates.

—¿Bajo ninguna circunstancia cultivará un perfil bajo?
No, si voy allá voy a dar la pelea. Si no, ¿para qué voy?

MEDIOS HOY: “NO TIENEN LAS CENSURAS DE ANTES”

—Durante su presidencia del Colegio de Periodistas fue muy activo en temas de legislación. El 2005 en La Nación habló sobre las asimetrías en la distribución de la publicidad en la prensa. ¿Cómo procedería una vez que esté en el Congreso? ¿Piensa intervenir en estos temas?
Absolutamente, porque la democracia depende de tener medios plurales. En las radios no hay tanto problema porque en Chile hay muchas, son como 1.300. Hay que fortalecer más las radios locales, con una legislación que les permita un cierto ámbito de sobrevivencia. El medio radial es bastante competitivo, me parece incluso bien la inversión extranjera, pero tiene que ser competitivo y dejarle espacio a otras formas más acotadas: las radios comunales, de sindicatos, de organizaciones intermedias. Al nivel de la televisión: una de las cosas más interesantes que se ha discutido es qué se ha entregado en concesión a los actuales operadores: un ancho de banda o una señal. Si es una señal, significa que va a disponer de una enorme cantidad de señales para nuevos operadores, pero si es el ancho de banda, estás liquidado. En el mismo ancho de banda pueden viajar cinco señales; entonces, con la concesión de una señal en el fondo podría llegar a tener cuatro. Pero significa que los actuales operadores se quedan con todo. ¡Mira lo importante que son estos debates y a la cuestión pública le importa un rábano!

—Pero hay complicidad de los medios, que tampoco instalan estos temas.
Sí, porque El Mercurio quiere comprarse… bueno, quería comprar Chilevisión. ¿Por qué apoyé yo en su oportunidad que lo comprara Piñera? Porque me daba de todas maneras más garantías que El Mercurio, me habrían cepillado a la primera. En cambio Piñera se la jugó por mantener la gente del canal, les dio su confianza y creo que se le respondió bien. Gracias a Piñera logramos el primer lugar, porque el gallo sabe muy bien dónde pone el ojo y la plata. Y volviendo a la televisión pública. ¿Qué es una televisión pública? ¿Qué diferencia a un canal público de los comerciales? ¿La programación de TVN en qué se diferencia del 13? Tan picante o más que cualquier otro canal. No hay ningún contenido, salvo uno que otro programa, de repente algún franjeado, pero eso no es televisión pública. El canal es del estado, okey, pero el contenido no es televisión pública.

—¿Piensa en algún modelo tipo BBC?
No, no, hay que hacer un modelo chileno. Por ejemplo, TVN debería haber puesto “Chile se moviliza”. Este es el tipo de programas que yo quisiera ver en la televisión pública. Los programas de noticias, si vas a La Red… están haciendo mucha más innovación que el 7. Y es el principio de sincerar: el conductor del programa tiene opinión. En La Red el noticiero nuestro es con opinión, el conductor discute, entrevista, discrepa, da su juicio, porque queremos alentar la opinión fundada. Esa innovación uno quisiera verla en el canal público.

—Y la asignación de la publicidad oficial, ¿le genera algún ruido?
Mucho, porque la prensa escrita en Chile tiene un porcentaje de la publicidad estatal sobredimensionado para la cobertura que ofrecen. Y segundo, que se asigna por una negociación política entre el ministro de la cartera y La Tercera o El Mercurio. Es una repartición para que no los ataquen. “Yo te doy tanto avisaje, trátame bien po”. Esos negocios así, no, no, no. Esto no es un negocio, debe ser transparente. Hay que buscar un sistema de licitación de la publicidad estatal, con criterios objetivos, y no que cada ministro arregla los bigotes a su pinta.

—¿Observa un potencial en la prensa regional, en el sentido de que puede mejorar mucho más la cobertura de los problemas locales?
Hubo un tiempo en que la prensa regional moría. Ahora ha recuperado un poquito, pero sobre todo los canales y las radios; los diarios son todos de El Mercurio o La Tercera. No hay pluralidad y los medios locales van desapareciendo porque obedecen a las directrices nacionales. Las regiones no se pueden dirigir desde Santiago. Imagínate, la especificidad de los problemas de Aysén. Hubo un ministro de energía que creía que en Punta Arenas la gente tenía una fiesta con el combustible en invierno. El nivel de ignorancia de lo que pasa en las regiones es una cosa patética. En la medida que descentralizas el poder vuelves a crear focos de atención y de interés y, por lo tanto, la prensa regional revive. El ciudadano necesita su medio local para saber lo que pasa en su ciudad, pero cuando las decisiones se toman todas en Santiago, ¿para qué quiere prensa regional?

—El estreno de “Chile se moviliza”, narrado por usted, coincidió con “Tolerancia Cero”, con Camilo Escalona y Carlos Larraín de invitados. Son dos ofertas muy distintas de contenido en relación a los tiempos que corren. ¿Se ha quedado atrás “Tolerancia Cero”?
Lo que pasa es que los medios de comunicación a veces tienen la misma lentitud que los partidos políticos o la misma Iglesia. Todos se han demorado en hacer los cambios, pero se están haciendo. Ya están apareciendo los “Chile se moviliza”. Las agendas de los medios de comunicación van a ir poco a poco transitando. A los movimientos estudiantiles, en la medida que estaban en la plenitud, la prensa les dio harta cobertura. Al comienzo con más simpatía, después se pusieron más críticos de ellos, pero en general dieron buena cobertura. Los medios no tienen las censuras de antes, que ignoraban el tema.

“La mayoría de los periodistas chilenos no comprende el problema mapuche”.

—Pese a esta sintonía con el movimiento estudiantil, se mantiene una deuda con otros temas, como lo que sucede en la Araucanía.
El tema mapuche, los pueblos originarios…

—Cuesta visibilizarlos en los medios.
También hay problemas en el periodismo que no tiene que ver necesariamente con que factores externos o poderes extraños al periodismo lo inhiben; también tenemos problemas dentro del periodismo.

—¿Como cuáles?
La formación y el peso intelectual de un periodista. La mayoría de los periodistas chilenos no comprende el problema mapuche. ¿Qué están reivindicando los mapuches? Que para ellos la tierra tiene un valor simbólico distinto que para el occidental. Para mí es un negocio: yo compro tierra porque es una inversión. Para el mapuche no, porque su tierra es ancestral, ahí están los espíritus de sus antepasados y su ligazón con su identidad. Es un problema de los periodistas, falta de espesor cultural, de conocimientos antropológicos mínimos. Porque el nivel de exigencia de los medios de comunicación es ser noteros, si esto es una mercancía que se tiene que vender fácil, que el periodista se pare y haga una transmisión más o menos coherente, porque si piensa mucho se pone peligroso. Es un modelo autoritario, jerárquico en los medios, incluso en los que se definen como progresistas. Conozco mucho gallo que se dice progresista pero que gobierna su medio como un dictador.

—¿No puede dar nombres?
No voy a dar nombres porque no quiero pelear por tonteras. A lo que voy es que se reproducen los patrones culturales. No sólo critiquemos los monopolios y los poderes, porque cuando el periodista tiene una visión crítica, comprensiva del mundo, se sabe ubicar, sabe poner temas, sabe entrevistar, sabe hacer buenas preguntas e incluso se puede cuidar.

—¿Qué extrañará más del ejercicio cotidiano del periodismo?
Las tribunas en que uno puede decir estas cosas, porque yo soy de los privilegiados en el periodismo. No escucho nunca “Tolerancia Cero” entero, porque hago radio al día siguiente, pero claro que lo echo de menos. Es el programa emblemático de la política en Chile y estuve diez años ahí. Pero por otro lado, cuando ya llevas diez años llega un momento en que el público empieza a adivinar lo que piensas, se pierde la sorpresa. No puedes estar eternamente en un espacio.

—En caso de no ser electo, ¿vuelve al periodismo?
¡Uy!, estoy pensando en el mes a mes, cómo llego a la elección, cómo sobrevivo económicamente de aquí al proceso electoral y una vez con los resultados en la mano ahí tendré que definir qué hacer. Pero ahora tú concentras todo en la campaña, no tienes tiempo para mirar lo que harás después. Cuando uno se candidatea a algo, se va convenciendo de que va a ganar.

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