Opinión

Una portada para la elite

Por ~ Publicado el 17 agosto 2011

Es complejo cuando los medios de comunicación dedican gran parte de su línea editorial a servir a las élites y dejan de lado la gran labor y rol que deben tener en la sociedad.

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Claramente el último tiempo en Chile las cosas han cambiado, la gente ha ido tomando las calles como no sucedía hace décadas, reclamando un cambio coyuntural en varias materias como educación, medio ambiente y sexualidad. Las calles se han llenado con frases y palabras llamando a la igualdad en materia civil y al fin del lucro en materias donde es indispensable que éste no exista.

Por esto último los estudiantes han llenado la Alameda una y otra vez para que sus demandas no sean tomadas como un capricho más de una post adolescencia que parecía dormida, y claramente lo han logrado de la mano de líderes estudiantiles de gran envergadura y de tremenda exepcionalidad hoy en día.

El problema claramente no radica en la manera en que los estudiantes se manifiestan —quienes lo hacen de manera pacífica— o en los requerimientos que estos han puesto sobre la mesa hoy en día, sino la manera en que los medios de comunicación —sobre todo los más grandes y de mayor tiraje— informan y plantean la información. Por lo mismo se nos viene nuevamente a la cabeza la siguiente pregunta cuando pensamos en la labor de estos grandes conglomerados informativos:

¿Informar o crear un juicio a priori de los hechos?

Al parecer la segunda opción es la que los medios escritos han tomado al mostrar solamente imágenes de un sector de las marchas en donde se ven destrozos de encapuchados, los que no representan en absoluto el espíritu de un movimiento estudiantil y social de las magnitudes que hemos presenciado en estos meses.

Pero tal vez los titulares más dañinos son esos que juegan a ser inocentes y traen consigo una superficialidad que baja el perfil de manera peligrosa.

Prueba de esto han sido las portadas de los periódicos del viernes 5 de Agosto, un día después de uno de las jornadas más negras de la historia democrática de nuestro país. Las portadas curiosamente no muestran ningún vestigio de la gran violencia de parte de carabineros ese día. Un ejemplo claro es el titular de El Mercurio, que señala: “Gobierno logra impedir marcha por la Alameda y protestas se extienden por siete comunas”. ¿Y la violencia, los jóvenes heridos? Nada.

Pero eso no es todo, porque ese mismo día La Tercera, el periódico dirigido por el flamante nuevo panelista de “Tolerancia Cero”, Cristián Bofill, apunta que: “Protestas tras prohibición de marcha causan violentos disturbios en Santiago”, callando u omitiendo toda información con respecto a por qué se originaron los disturbios y las indicaciones del ministerio del Interior para disuadir la marcha desde un comienzo.

Pero tal vez los titulares más dañinos son esos que juegan a ser inocentes y traen consigo una superficialidad que baja el perfil de manera peligrosa. Con esto me refiero al único titular que curiosamente menciona las lagrimógenas, el de LUN, que indica: “Hija de Golborne alega por sobredosis de lagrimógenas”, tal vez tratando de generar cierta empatía con el claro presidenciable y claramente llevando a niveles cómicos y divertidos una situación que enluta veinte años de democracia.

En general la prensa nacional se ha dedicado a fabricar condenas hacia el movimiento estudiantil por el accionar de algunos encapuchados, y han puesto en evidencia una vez más para quienes trabajan algunos editores de prensa y cuál es el verdadero motor que mueve a ciertos equipos periodísticos: estar al servicio de las élites y sus intereses.

Lo complejo es cuando estos medios dedican gran parte de su línea editorial a servir a esas elites y dejan de lado la gran labor y rol que deben tener en la sociedad, que consiste en dar una información con cierta objetividad para que así el receptor, o sea quienes leemos, vemos o escuchamos noticias, podamos formarnos una opinión propia de lo sucedido. Esto claramente con todos los datos sobre la mesa y no así con fragmentaciones y “libres interpretaciones” de personas que son mandatadas por el superior quien, por lo general, es ordenado por las grandes directivas las que tratan de darle un criterio ideológico claro a las noticias y a los sucesos.

Criterio que nubla la objetividad y que por lo mismo trata de crear prejuicios y cuestionamientos convenientes para la mencionada elite por sobre lo que podría llamar como su “noble” labor.


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